En el lenguaje popular uno dice que está angustiado, estresado o ansioso como sinónimos pero en realidad no lo son. En ambos casos aparece una reacción caracterizada por una alta activación fisiológica. La ansiedad elevada puede provocar estrés y, a su vez, el estrés es una de las fuentes más comunes de ansiedad.

Estrés

Cualquier cambio al que debamos adaptarnos puede ocasionarnos estrés ya sean situaciones negativas (despido laboral, duelos, enfermedades…) o situaciones agradables (ascenso, casarse, iniciar una convivencia…). Frente a estas situaciones, haremos una valoración de nuestros medios y recursos para afrontarlas y, si consideramos que tenemos suficiente, obtendremos lo que llamamos buen estrés (eustrés), que nos permitirá adaptarnos al cambio. Si no es así, aparecerá el mal estrés (distrés). Éste es un proceso de activación fisiológica que se pone en marcha cuando valoramos que no tenemos los medios o recursos suficientes para afrontar una situación concreta. El estrés aparecerá para intentar solventar esta demanda. Está causado por una situación o estímulo externo que está presente en el momento y que es fácilmente identificable. Suele ser fácil identificar qué tenemos que hacer para acabar con la situación problemática (otra cosa es que podamos hacerlo o no) y desaparecerá cuando desaparezca el estresor que lo causa.

En el estrés, la intensidad que se experimenta va acorde con la intensidad de la demanda.

Ansiedad

Igual que el estrés, la ansiedad es una reacción absolutamente normal que sufrimos todos los seres humanos. Es una respuesta fisiológica de alarma, que nos prepara para luchar o escapar de una posible amenaza. El cuerpo se prepara para afrontar un miedo que no está presente, anticipándose a su aparición. Solo está presente la idea del mismo y es nuestra mente la que causa la sensación de ansiedad y no el evento en sí. Sin embargo, la ansiedad puede provocar la aparición del miedo al miedo, es decir, iniciar una preocupación por si nos preocupamos en exceso.

La ansiedad puede aparecer sin que estemos muy seguros de la causa, es algo más difuso que el estrés. Su origen está en el miedo, la preocupación y la intranquilidad por el futuro o lo que hemos imaginado que va a ocurrir. La ansiedad se considera más cognitiva aunque acarree unos síntomas fisiológicos también, ya que la provocamos nosotros con nuestros pensamientos anticipatorios y catastróficos. En la ansiedad la causa no tiene por qué ser real y suele ser más vaga o difusa. La ansiedad es como un sentimiento de preocupación crónico que puede permanecer aunque el estresor no esté presente o desaparezca, puede ser incluso ilógica ya que es nuestra mente que la crea.

Hay que diferenciar entre la ansiedad que podemos llamar “razonable” y la patológica. En la ansiedad razonable la intensidad de ésta va acorde con la situación y finaliza cuando esta termina de manera que nos es útil para “protegernos” de ese peligro objetivo.

En la ansiedad patológica, en cambio, se interpretan situaciones, pensamientos o síntomas como algo peligroso a pesar de no serlo. Además, la intensidad de la ansiedad será muy superior a lo que sería esperable además de ser más duradera y no finalizar aunque la situación preocupante haya finalizado.

 

La similitud que comparten estos dos términos es que a pesar de tener su origen en un concepto diferente los síntomas que provocan ambos son muy similares: aumento de la tasa cardíaca y la tensión muscular, respiración acelerada o entrecortada, segregamos adrenalina y otros neurotransmisores… Además ambas son respuestas adaptativas que originalmente tenían la función de modificar la conducta de la persona hacia una más correcta para evadir peligros o afrontarlos (como por ejemplo huir de una presa) y que hoy en día se han generalizado a otras situaciones en las que no son una respuesta adaptativa. El estrés y la ansiedad pueden ser muy perjudiciales para el organismo ya que mantenidos durante un periodo de tiempo largo dañan muchas funciones en el cuerpo, por ejemplo el sistema inmune, el digestivo, afectan al sueño, al rendimiento cognitivo, etc. La misma situación puede producir ansiedad (cuando la situación aún no ha ocurrido) y estrés cuando ocurre y se mantiene en el tiempo.

Tanto el estrés como la ansiedad pueden aprenderse a controlar mediante técnicas de relajación y resolución de problemas y es importante saber diferenciar los dos términos para así poder actuar en consecuencia y solucionarlos.

¿Estrés o Ansiedad?
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